Publicado por: Jeffrey Duran sábado, 6 de septiembre de 2014

En pleno mundial de baloncesto, analizamos algunas de las curiosidades científicas que se esconden en los partidos, como la probabilidad de encestar, el rendimiento deportivo o la conducta de los jugadores.


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Los conocidos como atletas de élite son aquellos deportistas que compiten a un gran nivel en campeonatos nacionales e internacionales. Según algunos estudios, sus grandes capacidades físicas podrían deberse a causas genéticas hasta en un 66% de los casos.
Una investigación publicada en PLoS One logró identificar dos de las secuencias genéticas responsables en buena medida de estas extraordinarias aptitudes físicas. El gen que codifica para la enzima convertidora de angiotensina 1 (ACE) y el gen de la alfa-actinina 3 (ACTN3) se han asociado más frecuentemente con un mayor rendimiento deportivo en atletas de élite.
Basta citar el ejemplo de los hermanos Marc y Pau Gasol para pensar que su ADN es algo diferente al del común de los mortales. Sus grandes capacidades físicas y mentales para la práctica del basket llaman poderosamente la atención, y aunque sus resultados se deben a una enorme dedicación y entrenamiento, ¿podríamos pensar que el baloncesto también se lleva en los genes?
A pesar de que la pregunta suscita curiosidad, lo cierto es que la ciencia no ha logrado avanzar en la genética del baloncesto. Sólo un estudio publicado hace unas semanas logró identificar una variante genética asociada a un bajo rendimiento físico en jugadores de baloncesto.
No menos importante es profundizar en el por qué de las lesiones deportivas. Como podemos leer en La Información, Ricard Pruna, médico del primer equipo del FC Barcelona, ha estudiado la relación entre polimorfismos genéticos, lesiones y tiempo de recuperación. Parece ser que existen determinantes variantes que ayudan a los deportistas a superar antes una lesión. 

Cómo encestar... gracias a la física

El objetivo de cualquier jugador de baloncesto es simple: encestar. Cuando vemos una jugada de ataque, los diversos pases y tiros que han de realizarse deben cuidarse a la perfección.
¿Tiene algo que decir la física? La respuesta es afirmativa. Un lanzamiento sigue una trayectoria parabólica, que está compuesta a su vez por dos simples movimientos:
  • Movimiento rectilíneo uniforme horizontal de velocidad constante
  • Movimiento rectilíneo uniformemente acelerado con velocidad inicial hacia arriba. La velocidad de avance vertical, varía linealmente con el tiempo (al principio es positiva, se anula en el punto más alto y por acción de la gravedad, comienza a ser negativa después)
Es decir, a la hora de lanzar un triple, debemos considerar la altura a la que se encuentra la canasta, la altura del propio jugador, el ángulo con el que se realiza el tiro y la distancia que separa a nuestro deportista de la cesta.
No olvidemos que no es lo mismo lanzar un tiro libre que un triple, pues en el segundo caso es probable que estemos en movimiento y que el jugador lance en medio de un salto. Las variables, por tanto, cambian.
Imaginemos, por ejemplo, que queremos lanzar un tiro libre. Dos investigadores de la North Carolina State University se plantearon esta situación, más sencilla que la anterior, y simularon matemáticamente cuáles serían las condiciones ideales para lanzar a canasta. Sus resultados fueron publicados en la revista Journal of Sports Sciences.
En ese estudio, vieron que cuanto más rápida fuera la pelota, más fácil resultaba que erraran el tiro. Además, al aumentar la altura desde donde se producía el lanzamiento, mayor probabilidad había de ralentizar la velocidad inicial del balón, y por lo tanto, más posibilidad de encestar. Por último, sus recomendaciones establecían que el ángulo óptimo de lanzamiento se situaba en 52º.
¿Cómo funciona el cerebro de los jugadores de baloncesto?
En 2011, una investigación realizada por científicos del Center for Neural Computation y el Edmond and Lily Safra Center for Brain Sciences de Israel mostró cómo actuaba la mente de estos deportistas. Y es que no sólo la genética, la física o las matemáticas influyen en la cancha. La psicología también tiene un peso importante en un simple partido de baloncesto.
En aquel artículo en Nature Communications, los investigadores mostraban que los jugadores profesionales cambian su 'política de lanzamiento' en función de su historial más reciente de resultados. En otras palabras, si en los últimos partidos habían tenido un buen porcentaje de acierto, tenderían a lanzar más a canasta, y viceversa, independientemente de su motivación, experiencia o grado de entrenamiento.

Este comportamiento se conoce como aprendizaje por refuerzo. En aquella investigación, observaron que era un 30% más probable que un jugador intentara un triple si en el anterior lanzamiento había logrado los tres puntos.
Los mismos científicos han publicado ahora un nuevo estudio en PLoS One, en el que demuestran que el conocido como condicionamiento operante también puede ser analizado en un partido. A diferencia del condicionamiento clásico, se trata de un aprendizaje asociativo en el que se desarrollan nuevas conductas en función de anteriores consecuencias.
En otras palabras, los jugadores tienden a la 'generalización espacial' en la pista. La diferencia con el condicionamiento clásico es que en este caso se relacionan unos estímulos específicos (y no los resultados per se) con unas conductas determinadas. Su objetivo esta vez era analizar si este condicionamiento operante afectaba a la generalización espacial.
Es decir, en su primera investigación sólo correlacionaban éxito en los lanzamientos con la probabilidad de tirar de nuevo a canasta. En este nuevo estudio, decidieron ir un paso más allá. ¿Podrían los jugadores repetir el tiro desde un ángulo similar, aunque la localización no fuera la misma, si los resultados anteriores habían sido positivos? ¿Y desde una posición simétrica, pero diferente?
Gracias a este estudio vieron cómo era posible modelizar la conducta de los jugadores profesionales de la NBA, que adoptaban determinados comportamientos en función de sus resultados en la cancha. Sus conclusiones, sin embargo, también pueden verse afectadas por otros factores importantes, como las maniobras defensivas del rival (que modificarán la distribución espacial de los lanzamientos en el futuro) o los cambios en el comportamiento del entrenador o de los compañeros de equipo.

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